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No le pregunté su nombre. Le vimos desde lejos, cuando nos acercábamos en coche a Ventosa de la Sierra por una carretera desierta y polvorienta. Vimos las ovejas, los perros y le vimos a él, pelo blanco y andar juvenil. “¿Hemos salido guapos?”, me preguntó cuando paré a su lado, cámara en mano. Nos sonrió desde el primer momento. Ojos inteligentes, sonrisa luminosa. Nos dijo que las ovejas que llevaba eran ovejas madres, de raza castellana, y que por supuesto que vende la lana. Se la pagan a 0,80 euros el kilo, claro, así que pierde dinero, pero no, tirarla no, ¡cómo se me ocurre! Los esquiladores a los que confía el trabajo estos últimos años son leridanos, buenos profesionales.

Me habría quedado a charlar con él toda la tarde, pero yo tenía un coche y él a sus ovejas. Así que nos ofreció una última sonrisa y se fue con ellas.

A su perra, una cachorra border collie, la llamó Silvia, como su hija.

Ventosa de la Sierra, julio de 2013

Salieron guapos / They came out well

Salieron guapos / They came out well

I didn’t ask him his name. We saw him from the distance, as we were driving closer to Ventosa de la Sierra, on a deserted, dusty road. We saw the sheep, the dogs, and we saw him, white hair, youthful walking. “Have we come out well?”, he asked me when I stopped by his side, camera in hand. He smiled at us from the first moment. Smart eyes, luminous smile. He told us that he was shepherding mother ewes, castellana breed, and of course he sells the wool. He gets 0,80 euros per kilo, so naturally he loses money, but no, he doesn’t throw it away, how could I think that?! The shearers he trusts the work to are from Lerida, good professionals.

I would have continued chatting all afternoon, but I had a car and he had his sheep. So he offered us one last smile and left with them.

He named his border collie puppy Silvia, like his daughter.

Ventosa de la Sierra, July 2013

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