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De “La celda de Próspero”, de Lawrence Durrell, 1945

15-11-37

Te despiertas una mañana de finales de otoño y te das cuenta de que ha cambiado el tono de las cosas. El cielo brilla con un perla más profundo y el sol se levanta como una bola de sangre, pues las cumbres de las montañas de Albania están manchadas de nieve. El mar se ha vuelto plomizo e indolente, los olivos son de un profundo gris platino. En los pueblos se encienden los fuegos, y a María, cuando pasa con su rebaño, le sale una nube blanca del aliento. Se quedará sentada toda la mañana, acurrucada entre helechos y mirtos, cantando con su vocecita cansada de bruja, mientras los cencerros de las ovejas repican monótonos a su alrededor. Va vestida con harapos recosidos y calza zapatillas de piel. En las manos lleva un huso alrededor del que va enrollando el tosco hilo de lana. Más tarde, en el telar de pedales del cobertizo, Helen tejerá las mantas rústicas que los pastorcillos se llevan a las montañas, donde van a cuidar de sus rebaños de ovejas en el invierno que se acerca. María observa con sus ojos violetas y rodeados de arrugas a las mujeres más jóvenes que recogen olivas, y escupe con desprecio antes de retomar su cancioncilla, que trata de dos cuervos posados en un olivo. Unas águilas doradas* vuelan en círculos en el gris del cielo. Los cipreses penden sobre su propio reflejo, como nubes de humo gris helado. Muy lejos, en el estrecho, el perfil negro de un barco está inmóvil -o se arrastra lentamente y sin gracia con destello de remos- como un insecto encima de una hoja. Es hora de cortar leña para la gran chimenea que nos hemos construido, de aspirar los olores intensos de la madera de ciprés, de la brea, el barniz y el aceite de linaza. Es hora de prepararse para el primer vendaval de lágrimas y ocasos que vienen de Albania y del este.

*Mala traducción del inglés. Se trata del águila real.

Postal antigua. Pastora en Corfú / Old Postcard. Shepherd in Corfu

Interior de casa en Andrítsena (Peloponeso) 1903 / Interior of a house in Andritsaina (Peloponnese) 1903. Frederic Boissonnas (1858-1946)

From “Prospero’s Cell: A Guide to the Landscape and Manners of the Island of Corcyra”, by Lawrence Durrell, 1945

15.11.37

You wake one morning in the late autumn and notice that the tone of everything has changed; the sky shines more deeply pearl, and the sun rises like a ball of blood-for the peaks of the Albanian hills are touched with snow. The sea has become leaden and sluggish and the olives a deep platinum grey. Fire smoke in the villages, and the breath of Maria as she passes with her sheep to the headland, is faintly white upon the air. All morning she will sit crouched among the bracken and myrtle, singing in her small tired witch’s voice, while the sheep-bells clonk dully around her. She is clad in a patchwork of rags, and leather slippers. In her hand she holds the spinning-bobbin upon which she is weaving her coarse woolen thread. Later on the treadle-loom in the magazine Helen will weave the coarse coloured blankets which the shepherd boys take into the hills with them where they mind their sheep in the deeper winter approaching. Maria watches the younger women picking olives through her wrinkled violet eyes and spits contemptuously before taking up her little song-which is about two ravens sitting in an olive-tree. Golden eagles hoven in the grey. The cypresses hang above their own reflections like puffs of frozen grey smoke. Far out in the straits the black shape of a boat sits motionless-or dragging slowly and uncouthly with the flash of oars-like an insect upon a leaf. Now is the time to break logs for the great fireplace we have built ourselves, and smell the warm enriching odour of cypress wood, tar, varnish and linseed oil. It is time to prepare for the first gale of tears and sunsets from Albania and the East.

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